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Por un Aragón libre de fracking

    Actividad económica en el territorio, empleo y recursos energéticos autóctonos. Eso es lo que se nos ofrece cuando nos hablan del fracking o del gas no convencional. Magnates de las multinacionales energéticas y políticos nos ofrecen una técnica que, según dicen, es segura y todo son ventajas. Sin embargo podemos estar asistiendo a los inicios de la más grave agresión contra nuestra tierra. El fracking no solo daña gravemente el paisaje, es una técnica bárbara que contamina el agua poniendo en peligro el abastecimiento humano, la agricultura y la vida salvaje. Pero estamos a tiempo de detenerlo. En Puyalón de Cuchas pensamos que es una obligación moral de las personas libres el informarse bien y organizar un movimiento ecologista que ponga a salvo la casa común.

    Recopilando y reelaborando información al respecto ofrecemos este texto introductorio para conocer la cuestión y los retos que plantea.

     

    ¿Qué es el gas de esquisto?

    Los yacimientos ideales de gas o petróleo se formaron hace millones de años al quedar sepultada materia orgánica entre sedimentos de arena en el fondo de lagos y mares. Esos sedimentos, sometidos a presión y calor, se transformaron en areniscas empapadas de petróleo y gas.

    La arenisca es muy porosa y la explotación de los hidrocarburos que contiene es relativamente sencilla, basta con pinchar el yacimiento. Sin embargo, cuando el yacimiento no se forma en presencia de arena, si no de lodos o arcillas, la roca que se origina es muy poco permeable. Da origen a pizarras o esquistos, rocas con aspecto de mil hojas compacto y cerrado, de donde hasta hace poco no se podía extraer hidrocarburos con costes asumibles comercialmente. Sin embargo, al mismo tiempo que se extenúan los recursos petrolíferos y se encarece el petróleo, el avance de las tecnologías de perforación y extracción han posibilitado el desarrollo de una tecnología que se vende como la panacea.

    El fracking permite acceder a recursos gasísticos antes sencillamente ignorados, aumenta las reservas de hidrocarburos y las petroleras llevan ya unos años revisando sus mapas del subsuelo  busca de los nuevos yacimientos. Los denominados yacimientos de “gas no convencional”.

    ¿Qué es el fracking?

    Para acceder al gas o el petróleo de esquisto es necesario romper la roca en profundidad,  transformar el material poco permeable en una maraña de fracturas por las que drenar y extraer los hidrocarburos. Se hacen perforaciones que al llegar a la roca deseada cambian de dirección discurriendo paralelamente a la superficie terrestre, abarcando así zonas más grandes de roca. Por esa perforación se introducen explosivos, químicos dilatadores o ácidos en función de la composición de la roca. A continuación se bombea agua a presión, con un cocktail de hasta 500 químicos diferentes y arena para presionar al gas, que ascienda por la perforación y evitar que vuelvan a cerrarse las fisuras generadas.

    Los partidarios del fracking afirman, en este sentido, que no se trata de una tecnología novedosa en sí misma, dado que las técnicas que aplica se viene usando en la mayoría de perforaciones convencionales.  Es cierto que en cualquier sondeo se usan lodos de perforación para lubricar barrenas y tubos, que se usa agua para impulsar los hidrocarburos y variedad de productos químicos, pero la cantidad de agua y energía necesaria para arrancarle gas al esquisto no tiene parangón con otras técnicas de extracción de hidrocarburos.

    Además el alcance de las perforaciones en el subsuelo es limitado. Mientras que en un yacimiento en rocas porosas se puede extraer hidrocarburos solo pinchando la “bolsa” que forma el yacimiento, la técnica del fracking necesita repetir las perforaciones hasta la extenuación para ir machacando y exprimiendo el subsuelo.

    Impactos del fracking.

    La gran cantidad de perforaciones necesarias para explotar un yacimiento constituye una de las mayores afecciones de esta tecnología. Una perforación significa un gran área de explanación para maquinaria y aparcamientos, pistas de acceso, sistema de bombeo de alta presión, etc. Una búsqueda rápida en internet basta para ver los efectos en el paisaje que tiene la aplicación del fracking.

    Aunque basado en el uso de alta tecnología la mecánica del fracking es relativamente sencilla: perforar, triturar el subsuelo y exprimirlo inyectando agua con químicos a muy alta presión. El caos geológico que origina en el subsuelo es el motivo de los impactos más graves del método. Se inyectan entre 15000 y 20000 metros cúbicos de agua a presión con aditivos químicos, de la que solo se recupera entre el 10 y el 80%. La contaminación está por tanto garantizada.

    Pero el problema no es en sí que se destroce geológicamente el subsuelo para extraer el gas, el problema son las consecuencias: las fracturas hacen que sea físicamente imposible de recuperar toda el agua inyectada o todo el gas liberado.  A través de esas mismas fracturas asciende frecuentemente a nivel freático y contamina acuíferos. El agua contaminada no solo lleva los aditivos químicos, sino que también arrastra metales pesados arrancados desprendidos de las rocas e incluso pude contener minerales radioactivos del subsuelo. El agua contaminada solo tiene que salir por manantiales y fuentes para llegar a los ríos, o por pozos para llegar a los sistemas de abastecimiento, como ya ha pasado en Estados Unidos, donde esta técnica se desarrolló bajo el patrocinio político y legal de la administración Bush.

    Pero aquí no acaba todo. El gas liberado también encuentra en ocasiones el camino de salir a la superficie. Este gas, normalmente metano, es soluble en el agua, y al ascender y bajar la presión es liberado. El metano es uno de los gases más dañinos para la capa de ozono y puede ocasionar explosiones accidentales si no hay viento que lo disipe.

    ¿A quién puede interesarle el fracking?

    El fracking es el canto del cisne de las energías fósiles, una demostración de la falta de rumbo de un modelo energético que corre desesperadamente hacia su propia extenuación. Es carísimo, dado que tiene un retorno de energía y capital ridículo. En realidad solo tiene sentido en países con una legislación medioambiental atrasada, en los que la empresa promotora no deba hacerse cargo económicamente de los efectos negativos de su actividad.

    Los lobbies de la energía pugnan en Europa por impulsar el fracking. En la usual connivencia  entre lobbies energéticos y militares, las petroleras impulsan esta técnica bárbara tratándola de incrustar en documentos de la unión que buscan reducir la dependencia energética por motivos geoestratégicos. En este sentido se manifestaba en el congreso militarista “Academia Europea de Jaca” Alejo Vidal Cuadras, eurodiputado el PP,  Vicepresidente del Parlamento Europeo. De nuevo se nos presenta una técnica novedosa, presuntamente segura, que generará empleo y riqueza según dice gente que vive muy lejos de las zonas de prospección.

    La oposición a esta nueva ofensiva del capital contra la tierra no será sencilla, el aumento de los precios de los hidrocarburos hará que paulatinamente aumente la presión para su impulso generalizado. Pero ya hay muestras cercanas de éxitos populares en defensa de la casa común de la humanidad.

    En el estado francés el fracking está frenado por una moratoria impulsada por un amplio movimiento social que de nuevo hizo resonar la dignidad de la región occitana de Larzac. Se ha prohibido también en Cantabria, y en Euskal Herria ha convocado una amplio movimiento en defensa del territorio que cuenta entre sus éxitos una manifestación de entre 10 y 13 mil personas en Votoria-Gasteiz el pasado 6 de Octubre o la declaración de decenas de municipios como “área libre de fracking”.

    En Aragón ya hay un mapeo de posibles yacimientos, muchos en el Pirineo, en la depresión intrapirenaica, también en los somontanos y sierras de Teruel. Gracias al trabajo mudo de muchas activistas se han hecho multitud de declaraciones institucionales contra el fracking, pero por ahora no hay impedimentos legales para que pueda implantarse en nuestro país. La defensa de nuestro patrimonio natural y nuestro territorio en estos momentos de crisis supone un desafío irrenunciable. El capital mueve ficha y los movimientos populares debemos actuar para estar a la altura y luchar con eficacia por un Aragón libre de fracking.