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Las riadas y los daños estructurales “una anvista cientifica dende os afectaus/das”

2018 ha traído una nueva riada del Ebro y con ella han vuelto a reabrirse los viejos debates sobre la conveniencia o no de realizar acciones en el cauce del río, obras de regulación, etc.

Varias semanas después, con las aguas de nuevo en su cauce, merece la pena realizar algunas aclaraciones y denuncias sobre la situación en la que se encuentra la Ribera en nuestro país:

  • La legislación sobre el tratamiento de los cauces de los ríos no depende de los ecologistas, figura que aparece cíclicamente como chivo expiatorio de las consecuencias negativas de las riadas. La legislación (así como los criterios medioambientales) la marca la Unión Europea.
  • Sobre los efectos negativos de la “limpieza” y “dragado” de los ríos ya se han expresado en infinidad de ocasiones científicas y científicos (sin ir más lejos de la Universidad de Zaragoza) con argumentos científicos y objetivos. El río Ebro se comporta habitualmente como lo ha hecho en 2018, con avenidas importantes que desbordan su cauce, además de la gran crecida de 1961 se han documentado otras muchas que sin llegar a sus niveles también tuvieron importantes afecciones en los pueblos y ciudades de Aragón (1966, 1977, 1980, 1981, 1993, 2003, 2007, 2015 y 2018).

Conocidas, por tanto, las afecciones que el río ocasiona en diferentes comarcas aragonesas se impone que la Administración acometa aquellas acciones que tengan como objetivo paliar sus efectos. Porque esta situación, con toda seguridad, se va a volver a repetir en el futuro (con o sin limpieza, con o sin dragado). Entre ellas se podrían contemplar:

  • Priorizando la compensación de las personas que hayan sido víctimas de las riadas.
  • Establecimiento de perímetros inundables con restricciones de uso de suelo.
  • Facilitando la construcción y/o adecuación de las estructuras que se ven afectadas por las riadas, incluyendo alternativas (en el caso, por ejemplo, de poblaciones que se quedan prácticamente incomunicadas, como es el caso de Alfocea, Pastriz, Pradilla, Pina, etc.) para facilitar un acceso digno, en pleno siglo XXI, a estas poblaciones.
  • Propugnando un consenso social sobre la convivencia con el río, en el que todas las partes implicadas (vecinas, agriculturas y ganaderas, ecologistas, científicas, administración, etc.) puedan intervenir, desde el rigor.

Las riadas no se combaten con demagogia oportunista. De hecho, las riadas ni si quiera se pueden llegar a combatir, en todo caso los efectos negativos que estas tienen sobre la población. Ese el camino al que se tienen que dirigir los esfuerzos de la Administración.

Rubén Ramos (grupo En Común Pastriz- DPZ) Puyalón de Cuchas