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Del nacionalismo al independentismo. Organización, táctica y estrategia

Las ideas no viven sin organización. Antonio Gramsci.

1. Todo pensamiento político que se precie como, no ya revolucionario, sino de izquierdas, debe ser dinámico, adaptarse a la realidad cambiante y plantear su intervención en ella en base a criterios tácticos que planteen un correcto trabajo teórico-práctico (discusión ideológica e intervenciones concretas en la realidad cotidiana) capaz de generar conciencia de clase, para en el largo plazo, y de una forma estratégica, ser capaz de resolver los intereses históricos de los pueblos trabajadores oprimidos y explotados.

Es lo que, en la actualidad, con un aniquilamiento bárbaro de la clase obrera tanto en lo subjetivo (eliminación de la conciencia), como en lo objetivo (terciarización, desindustrialización, precarización y temporalidad), toca. Nos toca, pues, empezar como quien dice, casi de cero.

Lo contrario (la ausencia de pensamiento dinámico crítico-autocrítico) nos aboca a la fosilización ideológica, al dogmatismo, a la ausencia de autocrítica, a la perpetuación de formas erróneas pero cómodas de hacer política. A lo que es contrario al marxismo y al socialismo revolucionario. Ello nos lleva a la no previsión de los movimientos de los enemigos de clase, o incluso, a la colaboración deliberada y justificada en base a tácticas erróneas que nos hacen ser arrastrados por ellos, no ya por su pensamiento, sino también por su práctica política.

Este acomodamiento y falta de cuestionamiento continuo de las realidades cambiantes nos hace ponernos a la cola de sectores pequeño burgueses, y legitimarlos para que sean ellos los que nos arrastren hacia la protección de sus intereses, que no son los nuestros. Existen multitud de ejemplos en los que sectores revolucionarios nos hemos puesto a la cola de la pequeña burguesía para, juntos, defendernos del gran capital, siendo finalmente absorbidos, divididos y dinamitados.

No hay que confundir la acumulación de fuerzas populares y anticapitalistas en base a un programa de mínimos que sea capaz de plantear una alternativa revolucionaria socialista, con dejar de lado nuestros objetivos estratégicos en pos de unidades ficticias (casi siempre electorales) que resultan siempre beneficiosas para los intereses de los grupos hegemónicos de esas unidades, que suelen ser, por su ambigüedad y laxitud de discurso, los sectores reformistas y socialdemócratas.

Así pues, es necesario poner nuestro pensamiento y práctica política en concordancia con los cambios sociales para así, desarrollar unas buenas luchas tácticas que nos hagan avanzar hacia la misión histórica que como pueblo y clase trabajadora, tenemos las y los aragoneses. Las luchas y estrategias que tiene hoy la izquierda nacional aragonesa, no son, ni pueden ser las mismas, que las que tenía el regionalismo de izquierdas en los años 80 y especialmente en los 90.

Las reivindicaciones autonomistas, por la identidad nacional, fueron reivindicaciones de cariz democrático, que no tuvieron, pero debieran haber tenido, mucho de transicionales, de paso previo hacia políticas autodeterminísticas claras, con un sujeto colectivo, el pueblo trabajador aragonés, como principal protagonista. No fue así. Se quedaron en tibias reclamaciones técnicas,(no políticas, suplicadas más que conquistadas) de mayor autogobierno.

Ese camino, liderado en los 90 por las políticas reformistas de CHA (donde se integraban sectores más de izquierdas y rupturistas), terminó legitimando la propia esencia de un Estado Español antidemocrático (por borbónico y capitalista), con sus políticas reformistas e integracionistas, (por pseudo-federalistas), que estaban alejadas de cualquier interés del pueblo trabajador aragonés, al que sólo hacían pequeños, superficiales y vagos guiños con cuestiones coyunturales y sectoriales como el ecologismo, la identidad y la cultura o el antimilitarismo.

El aragonesismo político más a la izquierda legitimó a España. Pero las realidades cambian, y aunque ese partido siga perpetuando unas políticas similares alejadas de cualquier interés de clase del pueblo aragonés, y por lo tanto siga, con su federalismo, legitimando al Estado Español, hoy ya no nos encontramos en el Aragón de la postransición.

Se han desarrollado nuevas condiciones objetivas (crisis capitalista internacional e histórica, desarrollo de nuevas formas de organización y protesta social, nuevos marcos de lucha de confrontación nacional en el Estado…), y por lo tanto subjetivas (nuevo impulso a las conciencias nacionales en el Estado, pequeño aumento de la conciencia de clase…)que han permitido el nacimiento de una izquierda rupturista, independentista y de clase, que proviene en gran parte de este aragonesismo de izquierdas, pero se ha enriquecido con elementos ideológicos de otras tendencias y corrientes políticas.

Las reivindicaciones de mayor autogobierno en un marco capitalista y monárquico son una entelequia. El estado de las autonomías ha quedado obsoleto, y la Historia ha demostrado que, no solo no ha satisfecho los intereses de las clases trabajadoras (no se podía esperar otra cosa, pues fue elaborado por la oligarquía españolista), sino que ha supuesto la construcción del entramado propicio para el fomento de la especulación y el juego caciquil polítiquero.

En su día, cierto es, fue progresista y, si de algo ha servido ha sido para crear las condiciones propicias para que en su seno hayan surgido, o resurgido, las opciones revolucionarias independentistas y de clase.

En la dinámica de la Historia, es necesario, y justo, entender estos avances políticos, democráticos y sociales como experiencias de lucha y reivindicación de los derechos nacionales del pueblo aragonés. Pero, mal que nos pese, ahí quedaron. Fueron experiencias y proyectos que respondieron a una época concreta, que se fundaron como respuestas necesarias para resolver unas contradicciones concretas, pero que una vez superadas, su estatismo antidialéctico y antidinámico, no hace sino servir de muro de contención, reaccionario y conservador, para el necesario empoderamiento del pueblo trabajador aragonés.

Una vez resuelto el tema de la autonomía y el autogobierno técnico, las luchas tienen que ir más allá de aquellas reivindicaciones democráticas. Lo que entonces se planteaba como democracia y autonomía (o autogobierno) como dos caras de la misma moneda, hoy es necesario dar un paso más en la Historia y en el avance que la lucha de clases exige.

Es necesario pasar de “democracia y autogobierno” a “socialismo e independencia”. Es el paso indispensable para la liberación del pueblo trabajador aragonés.

2. Por lo tanto, los proyectos partidistas y organizativos, tienen que ser medios para alcanzar fines, y no convertirse en fines en sí mismos. Tienen que ser respuestas a realidades y épocas determinadas, a naciones concretas, y no expresiones abstractas.

La construcción nacional, también debe responder a esas realidades objetivas, concretas y presentes. Y en ese marco se debe situar el esfuerzo de la izquierda nacional aragonesa. La construcción de una nación al servicio de su clase trabajadora en base a la realidad actual.

Las naciones no son entes anquilosados en la historia, legitimados en ella, por mucho que sea el factor legitimario decisivo para la ideología dominante. Considerarlo así es aceptar el inmovilismo social, contrario a la dialéctica histórica y a la lucha de clases. La construcción nacional responde a situaciones objetivas y concretas de épocas históricas determinadas. La nación aragonesa tiene que ser construida, y está siendo construida en la medida de lo posible, por su pueblo trabajador aragonés, día a día, a su medida, y para satisfacer sus intereses históricos.

Por lo tanto, en base a esos condicionantes objetivos y materiales que definen a Aragón como nación en la actualidad, (disfunciones productivas ciudad-campo, escaso desarrollo industrial, alto desequilibrio poblacional, colonialismo interior, emigración forzada tanto interior como exterior, eterno caciquismo rural, preocupantes niveles de paro, etc) es necesario generar esa conciencia nacional y subjetiva, que ponga en entredicho las contradicciones nacionales sobre las que se ha construido el Estado Español como forma de garantizar los intereses de las clases dominantes.

Generar la confrontación nacional entre Aragón y España significaría dar un paso más en la lucha de clases, en la conquista de nuestro destino como pueblo, en la capacidad de decisión y control de nuestros recursos y nuestras vidas por nosotras mismas. Por eso es necesaria esa táctica-estrategia independentista para conquistar nuestro futuro, porque en las naciones sin estado, la lucha de clases se transforma irremediablemente en una lucha de liberación nacional. Y así es en Aragón.

Ante los actos que se han visto estos días alrededor del 20 de aviento, han sido los de la Cucha Independentista los únicos alejados de ese cariz historicista e interclasista. Los únicos que apuestan por conocer la realidad actual de la sociedad aragonesa, de su clase trabajadora, y plantear una táctica y estrategia adecuada para enfrentar el futuro con visiones de victoria. Todo lo demás es historicismo, idealismo, interclasismo deliberado para mantener el actual sistema socio-económico.

Nuestra nación se ha construido, y se sigue construyendo, en contraposición a agentes históricos externos que la han sometido, ninguneado, aculturizado y moldeado según sus intereses. Por ello, y conociendo estas experiencias históricas, el pueblo trabajador aragonés no puede caer hoy, de nuevo, en el error de seguir reclamando eternamente dentro del marco capitalista español derechos históricos que le han sido negados.

En la actualidad nuestra misión histórica es, teniendo muy claro lo estratégico (comunismo internacionalista), y lo táctico-estratégico (independencia y socialismo), trabajar por el empoderamiento de su clase obrera, desde lo más inmediato y cotidiano (luchas laborales concretas, desahucios, defensa de la sanidad y la educación públicas, etc), hasta lo táctico en una fase superior, esto es, por un marco aragonés de relaciones laborales, por la desaparición de las provincias y sus diputaciones gestoras, por la democratización de la política y de la economía, (municipalismo, asambleas barriales y de pueblos como únicas herramientas de poder y control democrático de nuestros recursos económicos y de decisión política democrática, nacionalización de la propiedad que genera riqueza), por el reconocimiento de nuestra cultura popular, especialmente las lenguas minoritarias…y así ser capaces de crear las condiciones nacionales (que son sociales) necesarias para confrontarnos con el modelo capitalista español y caminar hacia un modelo económico y social propio, construido por las y los aragoneses, al servicio de la clase trabajadora aragonesa (jóvenes precarios, parados, pequeños agricultores y autónomos proletarizados, obreros industriales y de servicios, estudiantes…).

Ese modelo al que aspiramos solo puede ser el socialismo en lo económico y la independencia en lo político. Y la defensa de este modelo solo se puede garantizar mediante el comunismo internacional al que aspiramos contribuir mediante la construcción de nuestro propio modelo socialista.

3. Por lo tanto, como ya he mencionado, Aragón es un país inmensamente grande, con un desequilibrio poblacional alarmante. Se compone de multitud de pueblos pequeños y territorios muy despoblados y aislados, y con una capital que acoge a casi la mitad de su población, con un tejido industrial escaso y concentrado, por lo tanto, el modelo social que el pueblo plantee debe ser propio, valorando las características de este país, que satisfaga los intereses de la clase obrera aragonesa, pero sobre todo, debe ser un modelo, debatido, y puesto en marcha por el pueblo, desde las estructuras antes nombradas (municipalismo, etc).

Es necesario construir un Aragón para las y los aragoneses, para su pueblo, para su clase trabajadora. Se hace necesario y urgente (para la propia supervivencia de la clase obrera aragonesa y de Aragón como país) terminar con esta Comunidad Autónoma Aragonesa, creada para satisfacer los intereses de burócratas, especuladores, empresarios y caciques rurales.

Para todo ello es necesario un partido político revolucionario, independentista y socialista, que responda a los intereses de la clase obrera aragonesa, cuya táctica cotidiana sea la intervención en el movimiento obrero y en los movimientos sociales, cuya táctica-estrategia sea el socialismo y la independencia, y cuya estrategia sea el comunismo internacionalista.

Este partido debe responder a los intereses objetivos e inmediatos de la clase obrera aragonesa y tiene que ser capaz de organizarla y dirigirla hacia la victoria. Su forma organizativa tiene que responder a los intereses del pueblo trabajador aragonés (nuevas formas organizativas renovadas en base al centralismo democrático).

Este partido, que hemos comenzado a construir respondiendo a la madurez política y a unas necesidades objetivas y concretas, en la actualidad es Puyalón de Cuchas, lo que no quiere decir que sea EL partido, que no admita cambios, discusiones, debates y variaciones que respondan a las realidades concretas históricas. Pues ello nos llevaría a anquilosarnos, repetir errores pasados, y convertir este instrumento, medio, para la liberación social y nacional en un fin.

No hay que tener miedo a la confrontación ideológica, al debate social y amplio, a la construcción continua, a esa revolución permanente y necesaria (critica-autocrítica), que nos lleve a clarificar posturas y estrategias al conjunto de la izquierda independentista aragonesa.

4. Por lo tanto, en el actual marco del estado español, en el que nacionalismo implica ser chovinista y amparar los ideales pequeñoburgueses, se hace necesario construir una alternativa a confrontar.

Esa alternativa, frente al nacionalismo de izquierdas, es el independentismo revolucionario y de clase, como forma táctico-estratégica para canalizar la lucha de clases en las naciones sin estado. Por ello la clase trabajadora aragonesa tenemos que apostar por esta estrategia revolucionaria para plantear alternativas de empoderamiento popular para contribuir al aniquilamiento de las estructuras estatales que garantizar el poder de las oligarquías.

Por ello, como hemos dicho, hoy y en lo inmediato, en lo táctico es necesario trabajar en pos de las sinergias y la unidad con otras fuerzas revolucionarias, nacionales e internacionales. La acumulación de fuerzas es fundamental para avanzar hacia, en lo táctico-estratégico, la construcción de una realidad socialista, donde en lo político, sea la democracia participativa y popular la que rija la sociedad para, en lo económico gestionar nuestros recursos y nuestra producción en beneficio de la mayoría social y no de los intereses privados locales y extranjeros.

En lo estratégico, no podemos olvidar, por lejano, la contribución al comunismo internacionalista que garantice la pervivencia del estado socialista al que aspiramos

Es necesario hablar sin miedo, (sobre todo en épocas de crisis y agudización de la lucha de clases) y plantear alternativas claras para el empoderamiento y la resolución de la misión histórica de la clase trabajadora aragonesa. En lo táctico (luchas cotidianas) en lo táctico-estratégico (independencia y socialismo) y en lo estratégico (comunismo internacionalista).

A 20 d´aviento de 2012.

Diego M. Roig