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Queremos que se vayan. Y queremos que no vuelvan.

    En éstos días más de nueve mil hombres y mujeres a sueldo de la OTAN ensayan en Aragón sus mejores artes en cuanto a matar. 9,000 mercenarios, junto a miles de toneladas de material bélico, armas, municiones y explosivos. Y lo hacen gracias a la servil complacencia de dos gobiernos coloniales. El de Madrid, títere de los intereses de las grandes compañías y fondos de inversión. Y el que nos duele más y más cerca, el nuestro, un gobierno aragonés que se dice de izquierda y de cambio, pero que no pierde un segundo para postrarse a las botas de los jerifaltes de la mayor organización terrorista de la historia, la OTAN.

    Las aragonesas nos merecemos un gobierno libre y digno que oponga una postura fuerte a éste simulacro de invasión. Por ética y estética y, sobre todo, por solidaridad con los pueblos arrasados a manos de los sicarios del mercado y la firme determinación de conservar el ecosistema propio frente a los deseos de los halcones del sistema. Nos merecemos un gobierno que recupere ese 22% de territorio zaragozano que actualmente es propiedad del ejército español y es habitualmente utilizado por otros ejércitos occidentales. Nos merecemos, en definitiva, un gobierno que no se diga de cambio, si no que lo sea y que no hable de soberanía y bien común, si no que las practique.

    otan

    El pueblo aragonés, seguido por algunas de sus instituciones más cercanas, se ha conmovido y movilizado ante la colosal tragedia de los cientos de miles de refugiados que huyen desesperados del infierno en el que otros han convertido su país. Es un parche loable, urgente y vital. Pero es un parche. La tragedia era evitable con una variable tan sencilla como que esos “otros” no hubiesen saqueado los países de origen. El PP, como el PSOE de Lambán, alzaron sus voces no hace mucho, suplicando a esos “otros”, la OTAN, para que interviniese en la guerra que se desarrolla en el único suelo laico de oriente medio, Siria.

    Cazas, drones, misiles, armas, asesoriamiento y consultores privados de los estados de la OTAN fueron puestos al servicio de los “rebeldes”. Lo que ocultaron cuidadosamente es que esos “rebeldes” eran las tropas de la filial de Al-queda en la zona, así como el núcleo duro del ISIS. Y que sus peores enemigos son un gobierno progresista y laico, y un pueblo entero, el kurdo que es no sólo masacrado por los yihadistas, si no que un estado alíado de España y la OTAN, Turquía, no pierde opòrtunidad de reprimir con cárceles y bombas. Pueblos enteros que hoy mueren tratando de huir de un genocidio efectuádo en nombre de los beneficios de muy pocos y ejecutado por la OTAN y sus ejércitos. Ésos a los que desde la izquierda rupturista gritamos desde lo más profundo del corazón y la cabeza:

    ¡Que se vayan! ¡Y que no vuelvan!