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ARTESONADOS DE TERUEL, BINIÉS, BARBASTRO Y TARAZONA EN EL CASTILLO RANDOLPH HEARST

    patrimonio expoliado artesonado

    El magnate y manipulador de la comunicación William Randolph Hearst, que inspiró la película “Ciudadano Kane” de Orson Welles, fue un compulsivo comprador de obras de arte. Se calcula que llegó a comprar entre 40.000 y 50.000 y un 25% anual de lo que se movía en el mercado de obras de arte. Muchas de ellas no llegaron a salir de las cajas en las que vinieron. Pero otras muchas fueron a decorar su residencia en San Simeón (California), llamada por él “La Cuesta Encantada”. En su decadencia a partir de 1935, tras el crack del 29, muchas de las fueron vendidas o donadas a museos y particulares. Para el estado español se valió de Arthur Byne, convirtiéndose en su mayor expoliador de arte, empleando el robo, el engaño y el soborno. Aprovechándose de la falta de protección y valoración del patrimonio, de la penuria o de la avaricia de clérigos y altas personalidades sin escrúpulos. Destruía la documentación y las obras de arte solían trasladarse con otro nombre confuso. Es un ejemplo de lo que Lord Byron llamó elginismo, para criticar el traslado de los frisos del Partenón por el Conde de Elgin. Byne murió en un accidente y aún fue homenajeado como un gran hispanófilo.

    Para realizar estas complicados artesonados de madera, llamadas armaduras al ser ensamblajes de armar, los maestros carpinteros mudéjares debieron de emplear la geometría estructural. Un conocimiento que había pasado del mundo clásico al islámico.

    La familia Sánchez Muñoz fue una de las más importantes desde la conquista de Teruel por Alfonso II en 1171. Ocuparon puestos en la administración. Pedro Gil Sánchez Muñoz, conocido como Clemente VIII, sucesor del Papa Luna y antipapa no reconocido por la Iglesia. El artesonado del palacio familiar fue comprado por 12.000 pesetas (1.750 dólares) en 1924. Decora el dormitorio de Randolph Hearst. Es de tipo de lima bordón y limas moámares, con una rica decoración pictórica.

    El artesonado de la Casa del Judío, considerado el más rico de los expoliados en Teruel, es un ejemplo de la clientela variada de estos maestros, tanto cristiana como judía, y en menor medida musulmana. Fue a parar al comedor de la residencia y presenta los típicos arcos diafragma en las techumbres en la Corona de Aragón. Originalmente estaba dividida por dos jácenas en tres secciones, rodeado por canecillos de proa. Vendido en 1922 por 125.000 pesetas (18.150 dólares). La llamada Casa del Judío estaba en la esquina con la calle Ambeles, descrita así por Juan Cabré en 1910:

    “Dicho edificio fue alcázar de Alfonso V el Magnánimo. Con motivo de celebrarse cortes en Teruel en 1425 ordenó dicho monarca la restauración de su Palacio Real por hallarse en ruinas y seguramente data dicho artesonado de esta época (…) Hoy convertido el edificio para morada de un humilde tejedor en el que ha asentado su taller, solo conserva de su época más noble el artesonado (…) Se le conoce hoy como la casa de la Judería y se halla en la calle del mismo nombre (…) El artesonado constituye una techumbre completamente plana decorada en toda su extensión por las gruesas vigas sobre dobles zapatas; sobre estas vigas descansan las longitudinales del techo que aparece entre ellas y ornado de estrellas entrantes y casetones todos policromados; esta policromía se destaca sobre fondo dorado.”

    Otra techumbre turolense del siglo XIV se encuentra en la Casa del Herrero, en Santa Bárbara, California. Y otra viajó a la Villa Schifanola en Florencia, Italia. Previamente había sido adquirida por el Conde de las Almenas, estando en Madrid, y cuya colección acabó desperdigada.

    Con estos cuatro artesonados la ciudad de Teruel perdió parte de su rico patrimonio mudéjar, reconocido como Patrimonio de la Humanidad en 1986. Afortunadamente se conserva la esplendorosa techumbre de la catedral.

    El castillo de Biniés se asoma al río Veral y perteneció a los Jordán de Urriés, actualmente es de propiedad particular y está consolidado, ha pasado por avatares como un incendio en 1928. Construido en el siglo XI y reformado en 1550. Randolph Hearst se llevó siete techos artesonados. Uno de ellos decora una sala de lectura en San Simeón. Un magnífico ejemplo de la tradición mudéjar se encuentra en la cercana iglesia de Mianos con su espectacular artesonado, más a valorar por lo inusual en este territorio pirenaico.

    Según la investigación de Naval el artesonado de Barbastro se adquirió en 1930, por el ínclito Byne a cambio de 14.000 dólares, siendo valorado en 1957 en más de 37.000. Su destino en 1932 fue la sala de billar de la residencia. Parece ser que la sala se adaptó a las medidas del techo. La iconografía es referente a la caza.

    El artesonado procedente de Tarazona lo compró en 1935 por 18.724 dólares y sus apuros económicos le hicieron venderlo en 1942 por 3.200 dólares. El artesonado es de tipo constructivo de par y nudillo y contiene imágenes mitológicas. Fue adquirido en 1975 por el empresario mexicano Mauricio Fernández Garza, para su mansión de Monterrey. Hasta hace pocos años se daba por desaparecido, de hecho las cajas adquiridas en 1935 no se habían abierto. Fue restaurado por Manuel Serrano Cabrera tras un tortuoso traslado desde Raleigh, Carolina del Norte. La procedencia original pudo ser el palacio episcopal de Tarazona. Se sabe que otros dos artesonados turiasonenses emigraron a Estados Unidos, con escenas de la vida cotidiana aragonesa en el siglo XV.

    También hay dos de las tablas desperdigadas por el mundo del retablo de la ermita de San Martín en Riglos (Hoya de Huesca), decorando dos camas en “La Cuesta Encantada”. A saber cuánto patrimonio aragonés hay en esta mansión o diseminado por el mundo tras ser adquirido por Randolph Hearst.