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CASCO HISTÓRICO DE BORJA

    casco histórico de Borja

    La ciudad de Borja se asienta sobre un cerro coronado por el castillo de la Zuda sobre un promontorio arcilloso. Hace ya tiempo que una malla evita desprendimientos. Su figura le da un inconfundible y característico perfil a Borja.

    Cerca se asientan los primeros vestigios celtíberos sobre el siglo VIII a.c. o    V a.c. según autores. A partir del siglo III se empieza a poblar ese cerro y durante el periodo musulmán en el siglo IX el barrio del Cinto está amurallado. La familia Banu Qasi es la más importante. En el siglo XI la muralla llega a las actuales calles de San Bartolomé y Cardona. Alfonso I la conquista en 1121 para el reino de Aragón y nombra a Pedro de Atarés Señor de Borja, construyó un castillo del que quedan vestigios y fundó en  1146 el Monasterio de Veruela.  Se construyen las iglesias de Santa María, San Miguel y San Bartolomé.  Los judíos están en el Barrio del Cinto, los musulmanes en el de San Juan, ambos barrios divididos por la calle Trébedes, y los cristianos en Santa María, San Bartolomé y San Miguel.

    Alfonso V el Magnánimo le concede el título de ciudad en 1438 y en 1443 la incorpora a la Corona, iniciando de este modo el periodo de mayor esplendor artístico de la ciudad. Con la Casa de las Conchas, BIC desde 1978 y en lamentable abandono y sin las conchas que le da nombre, de la familia Vera y la Plaza del Mercado con la casa tardo gótica de los Angulo. En los siglos XVI  crece la población y florecen los palacios aragoneses como la Casa de los Ojeda y la Casa de los Aguilar con su espectacular alero, sede del Centro de Estudios Borjanos y la Casa Consistorial. Y la Casa de la Estanca, ejemplo de arquitectura mudéjar civil, próxima al casco urbano y restaurada en 2012.  En el siglo XVII se realiza el ensanche de Barrionuevo y el Hospital de peregrinos Sancti Spiritus. Así como la ampliación de las iglesias de Santa María, San Bartolomé y San Miguel (actual Museo Arqueológico), y la edificación de cinco conventos: Clarisas, Capuchinos, Dominicos y Concepcionistas, más el desaparecido de Agustinos y se reforma el de San Francisco. Más las ermitas del Santo Sepulcro y la Misericordia del célebre Ecce Homo, con el Calvario y su interesante planta circular.

    La iglesia de San Bartolomé solo conserva la fachada barroca, tras ser derribada la iglesia medieval en los años 60. Dada la precariedad, episodios de tormentas como en 2014 ocasionaron el hundimiento del arco de San Bartolomé, de varios edificios y desprendimientos. Mientras los solares que van apareciendo en el casco histórico, se van aprovechando para equipamientos, como el de la plaza San Bartolomé tras derribar varias viviendas. Precisamente aquí causó polémica el derribo parcial, denunciado por APUDEPA, de la catalogada Casa de San Bartolomé, del siglo XVI, ejemplo excepcional de mudéjar civil, con una galería aragonesa de arcos conopiales. Uno de los edificios más bellos de la ciudad y que en tiempos fue casa de cultura. Justificado por el ayuntamiento de Borja y la DGA por el peligro de derrumbe.

    El barrio del Cinto es uno más y no de la gente sin recursos, la falta de atención ha motivado que se deje de habitar. Hasta no hace tanto tiempo era un barrio con vida. Es la zona más antigua y con más historia de Borja. No podemos olvidar el centenar de bodegas que perviven en Borja, tan ligadas a la cultura del vino típica de la comarca. Ubicadas en los cerros de la Cueva Esquilar, de la Corona y del Castillo. En auge desde la segunda mitad del siglo XIX por la importancia que adquiere la producción de vino.

    El fenómeno mediático del Ecce Homo no ha alcanzado a esta zona degradada, la vecindad advierte que de no actuar ya tras décadas de abandono, desaparecerá este patrimonio. Hasta hay páginas en internet denunciando esta absoluta dejadez. Urgen medidas que incentiven el asentamiento de gente para vivir en el casco histórico y de ayudas oficiales para proteger este rico patrimonio histórico artístico. El Plan Integral del Casco Histórico esperemos que no llegue demasiado tarde.