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Aramón, Ibercaja y Gobierno de Aragón reinciden con Castanesa en un modelo que no soluciona la despoblación

    La reincidencia en un modelo de nieve insostenible, tanto económica como medioambientalmente, vuelve a dejar en entredicho a un Gobierno de Aragón, sin ideas ni recursos para evitar la despoblación, pero que sin embargo siempre encuentra el apoyo de los bancos para financiar proyectos urbanísticos.  

    No hace falta demasiados análisis económicos para entender que el negocio de la nieve requiere una gran cantidad de inversión pública, con unos dudosos beneficios en asentamiento de población, al igual que en la generación de trabajo estable y de calidad.

    No hace ni 8 años cuando el entonces gobierno del PP, con el consejero Bermúdez de Castro, tuvo que rescatar la estación de Panticosa, un ejemplo de desatino estratégico en una estación que, a pesar de encontrarse en el casco urbano de un municipio, no ha ayudado a asentar población.

    La solución fue el rescate de la estación, con una refinanciación de la deuda para prolongar el plazo de reembolso y conseguir “mayor estabilidad” financiera, la unión con su hermana mayor Formigal, así como la construcción de una nueva pista que bajaba desde la estación al pueblo, que no pudo ser inaugurada hasta años después por la falta de nieve.

    En 2012 Bermúdez recordó que las últimas inversiones llegaban a 46 millones de euros de dinero público, de los cuales 26 se destinaban al estudio del proyecto de ampliación de Cerler por Castanesa, un agujero negro de inversión que nunca ha llegado a puerto. Por aquel entonces Bermúdez aseguraba que Aramón había invertido unos 228 millones de euros para generar empleo, aunque su deuda llegaba a los 88.866.233 euros, de la cual un 59% pertenecía a Aramón. Lo que significaba que una empresa semipública contase con un agujero de 90 millones euro, y perdía al ritmo de 22 millones por temporada.


    Inauguración de la nueva pista de esquí de Panticosa, sin nieve, en 2014

    Si nos centramos en la población de Panticosa, parecía que en los años 90 crecía de una forma estable, después de la inversión y renovación de sus instalaciones de esquí, la especulación inmobiliaria y las promesas de un magnate inmobiliario de reactivar los Baños de Panticosa de acuerdo a su antojo.

    Pero nada más lejos de la realidad, las cifras de población fueron cayendo en los últimos años, llegando a mínimos históricos en 2011, con escasamente 820 habitantes. Comportamiento similar a la misma comarca de Alto Galligo o a La Chacetania, donde la focalización de recursos al esquí, o en el mejor de los casos al turismo, ha dejado de lado cualquier alternativa de industralización de las cabeceras de comarca, marginando de paso los pueblos que no están implicados en el turismo de nieve.

    Sin embargo, otros pueblos y ciudades donde sus comarcas han mirado hacia otras vías de desarrollo, han visto crecer una población estable, no estacionaria y sin necesidad de un cambio excesivo de su modelo urbanístico, o incluso tradicional. Localidades como L’Aínsa, Bielsa, Broto… que como mínimo no han perdido población.

    Los mismos que acabaron con todo modo de vida diferente al turismo de nieve, que ni siquiera quisieron hablar de termalismo, con excepción de algún capricho inmobiliario de “alt-standing”, y que vieron en el golf (Margas Golf o Baraguás) la solución perfecta para sus solares urbanizables. Ahora se niegan a asumir la realidad.  

    Bermúdez anunció en 2012 que Panticosa no había abierto ese año ni un día al 100% (la cosa no ha mejorado ni mejorará en los próximos años), en Cerler había sido posible un 80%, en Javalambre un 46% y en Valdelinares un 30%.

    No vamos a entrar a analizar la de proyectos en I+D que se podrían subvencionar con estas inversiones públicas millonarias al negocio del esquí. Pero seguimos sin entender cómo localidades tan cerca de la frontera con el Estado francés no han aprovechado su situación, al igual que en otros países europeos, como fuente de creación de Industria, empleo y población. Los tres túneles aragoneses al lado occitano están infrautilizados. Castanesa o Montanuy se encuentran a 2 horas y 45 minutos de unos de los mayores centros industriales del sur de Francia, Toulouse, por Vielha.

    La novedad no radica en que la nieve se venga abajo, esto ya estaba claro hace años, el mercado inmobiliario también; la novedad sigue siendo en que la voluntad de progreso y lucha contra la despoblación de nuestro Gobierno de Aragón cuatripartito, se aplique únicamente en el esquí, y no en Sanidad (ante una de las mayores Crisis sanitarias), la Educación, los Servicios Sociales, Industria, Investigación o reconversión Minera.