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No en mi nombre

    Artículo de opinión de Josu Juaristi, Eurodiputado de Puyalón-Os Pueblos Deciden.

    La Unión Europea ha metido la pata innumerables veces, pero pocas veces de forma tan hipócrita y peligrosa.

    El acuerdo con Turquía, que los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión ratificarán previsiblemente en la cumbre de marzo (17-18), está absolutamente alejado de la realidad y del sentido común, y es extremadamente peligroso no solo para Europa, sino también para el pueblo kurdo y toda la región de Oriente Medio.

    Para presentar el acuerdo, tanto el Consejo como la Comisión han llegado a desterrar la palabra «refugiado» de sus discursos ante el pleno del Parlamento Europeo. La ministra de Defensa holandesa, Hennis-Plasschaert, y el vicepresidente de la Comisión, Valdis Dombrovskis, hablaron únicamente de «inmigrantes», como si ya no hubiera miles de refugiados (y aludo, por supuesto, no solo a quienes huyen de Siria) esperando en las puertas de Europa para buscar una nueva vida (una vida, en realidad) en nuestro continente.

    refugiados

    Es inaceptable que la UE haya cerrado este acuerdo no solo porque lo haya hecho con Turquía, un Estado que está bombardeando desde hace meses a población civil dentro de su propio territorio (contra la población kurda) y que vulnera otras muchas libertades fundamentales, sino porque el acuerdo, en sí mismo, es una catástrofe desde cualquier punto de vista, comenzando, por supuesto, por el de las personas migrantes y refugiadas, que es lo que debería ocuparnos y preocuparnos.

    El acuerdo busca cerrar las fronteras europeas tras vaciar las islas griegas de personas migrantes y refugiadas y, a partir de ese momento, contempla que por cada refugiado que la UE expulse a Turquía, esta enviará otro a cambio a Europa. Es una suerte de siniestro «blanqueo de personas»: «Yo (la UE) te envío de vuelta (expulso) a un inmigrante ilegal y tú (Turquía) me envías a cambio uno legal, sirio». En estos términos y con estas palabras están hablando la Comisión, el Consejo y el espectro político del PPE y la extrema derecha.

    A cambio de darle la llave ya de manera oficial a Turquía, la UE acelerará la liberalización de visados para los turcos y el proceso de adhesión a la Unión Europea de Turquía. A cambio, Ankara recibirá 3.000 millones de euros adicionales a los 3.000 ya acordados. A cambio, se permitirá a Turquía la apertura de «zonas seguras» en territorio sirio aledaño a su frontera, zonas donde el Estado turco pretende gestionar campos de refugiados o desplazados que los kurdos saben perfectamente que servirán de centros de reclutamiento y entrenamiento de militantes yihadistas que combatirán contra ellos o en Siria, como ya está ocurriendo. Como cualquiera en Europa conoce que el Gobierno turco lleva muchos meses utilizando a las personas refugiadas para presionar a la UE y, al final, conseguir lo que quiere. Dinero de la UE y control sobre la UE, además de usar su «victoria» como propaganda interna y, de paso, garantizar el silencio de la UE ante la brutal represión contra el pueblo kurdo. Cuando, en realidad, lo que el Ejército y las fuerzas especiales turcas están haciendo en territorio kurdo debería ser suficiente para que la UE suspendiera las negociaciones con Ankara.

    Los estados miembros de la UE y la Comisión aseguran que así conseguirán cortar las rutas de los traficantes de personas, cuando cualquier persona con sentido común (incluso aunque no haya viajado a Lesbos, a Lampedusa o a los pasos de la ruta de los Balcanes occidentales y hablado con refugiados y refugiadas y con las organizaciones no gubernamentales y las activistas y voluntarias que trabajan sobre el terreno) sabe perfectamente que las mafias se frotan las manos ante este acuerdo. Porque saben que las personas migrantes y refugiadas seguirán intentando luchar por su futuro, por sobrevivir, y que la UE no les deja otra opción que pagar y arriesgar sus vidas para llegar a Europa. Así de simple, así de terrible.

    Esa es la responsabilidad de los estados miembros en la masacre que se está produciendo en los pasos hacia Europa. Por eso es tan grave que la ministra holandesa Hennis-Plasschaert se refiera a estas personas en el pleno del Parlamento Europeo hablando de los «inmigrantes que quieren embarcarse en un peligroso periplo hacia Europa». ¿Quieren? ¿En serio? Algunos estados miembros, por supuesto, preferirían que, simplemente, se resignaran a morir en sus propios países en guerra y/ o miseria en lugar de «molestarnos» con su presencia (espero que me permitan este arrebato demagógico).

    Los estados miembros quieren cerrar el flujo como sea, esa es su absoluta prioridad. Lo es, de hecho, desde hace mucho. Evidentemente, para maquillar la realidad hablan de asilo, dicen que «Turquía readmitirá a todos los inmigrantes ilegales que no pueden acogerse a protección internacional». Fíjense en la terminología, que nunca es inocente: readmitir, inmigrante, ilegal… Quiere la UE, o eso dice, garantizar que solo llegan por vías legales. Y resulta que la vía legal para la UE es Turquía; es el totalitario Estado turco (que ni tan siquiera ha firmado ni cumple muchos de los protocolos del Convenio de Ginebra) quien tiene la llave, quien decidirá quién es legal e ilegal, quien decide quién entra al territorio de la Unión Europea.

    Este acuerdo es indigno, es una vergüenza, es profundamente injusto, antisolidario, es un acuerdo de rechazo colectivo (expresamente prohibido en el Convenio de Ginebra) que se carga lo poco (poquísimo) que quedaba del derecho de asilo, es un pacto envenenado, un «lavarse las manos» y mirar hacia otro lado previo pago de 6.000 millones de euros (los 3.000 ya decididos más 3.000 adicionales pactados ahora), es una infamia que deniega el derecho a seguir con sus vidas a miles y miles de personas, es hipócrita cuando quien lo decide habla sin pudor de derechos humanos y valores europeos, es un fracaso moral, es contrario a los principios de la ley humanitaria y de las leyes internacionales, y obligará a miles y miles de kurdos a huir hacia Europa porque implícitamente el acuerdo conlleva el silencio de la UE ante la represión turca.

    Turquía está jugando con la UE utilizando para ello a las personas refugiadas, mientras la UE no coopera con los kurdos, por ejemplo, en Rojava, cuando estos podrían hacer mucho para atender a los desplazados si contaran con la asistencia adecuada (europea).

    Pero Ankara quiere controlar una zona colchón, una especie de tierra de nadie en esa zona, y la UE se lo va a conceder; de hecho, se menciona en el acuerdo, aunque se habla de «zona segura», y Ankara no permitirá que ninguna organización internacional trabaje ahí. Los representantes del pueblo kurdo destacados estos días en Estrasburgo creen que esa «zona colchón» bajo control turco sería el «cielo para los yihadistas» y que, en caso de ser aceptado por la UE, sería un «error histórico».

    En realidad, la UE está a punto de conseguir lo que siempre intentó, por ejemplo, alguien tan «presentable» como Silvio Berlusconi: externalizar el «problema» para que los gobiernos actuales de la Unión se queden tranquilos y puedan dejar de asumir su responsabilidad sin imágenes molestas en la televisión, la prensa y las redes sociales. La UE oficializa las expulsiones masivas de personas, muestra su careta más antidemocrática, alimenta a la extrema derecha comprando un discurso xenófobo y se equivoca de plano cuando piensa, o eso dice, que esto va a parar el flujo de gente que trata de llegar a Europa.

    Un vistazo a las opiniones ya expresadas por las principales organizaciones internacionales humanitarias o, por ejemplo, por el Alto Comisionado de las ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, que hablaba ante la Cámara Europea esta misma semana, ayudarán al lector, a la lectora, a completar el retrato del alcance de este despropósito.

    La Unión Europea puede intentar construir una realidad paralela sobre el papel y a costa de 6.000 millones de euros y la vida de miles de personas, puede incluso aparentar vivir en ella durante un tiempo, pero eso no significa que la realidad vaya a amoldarse a sus inconfesables deseos. La ecuación es, siempre, al revés.

    Por su hubiera alguna duda, #refugeeswelcome.

     

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